Asesinato del Che en Bolivia


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Mario Ter n, fue el sargento boliviano que asesin a Ernesto Che Guevara el 9 de octubre de 1967, en la escuelita de La Higuera en Bolivia. Ter n vive en el m s completo anonimato en Santa Cruz. Hundido totalmente en la indigencia, subsiste s lo con su miserable pensi n de antiguo soldado.Seg n el antiguo agente de la CIA F lix Rodr guez, que particip en la captura del Che, Ter n, al recibir la orden de sus jefes, tuvo que acudir al alcohol para llenarse de valor y poder cumplirla. l mismo narr despu s a la prensa que temblaba como una hoja ante aquel hombre a quien en aquel momento vio grande, muy grande, enorme .Che, herido y desarmado, sentado en el piso de tierra de la humilde escuelita, lo observ vacilante y temeroso, y tuvo todo el coraje que le faltaba a su asesino para abrirse la ra da camisa verdeolivo, descubrirse el pecho y gritarle: No tiembles m s y dispara aqu , que vas a matar a un hombre. El suboficial Mario Ter n, cumpliendo rdenes de los generales Ren Barrientos y Alfredo Ovando, de la Casa Blanca y de la CIA, dispar . Antes hab a asesinado a sangre fr a a todos los dem s prisioneros.El agente de la CIA F lix Rodr guez le dijo antes a Ter n: 'sargento, hay rdenes de su gobierno de eliminar al prisionero. No le tire de aqu para arriba. T rele para abajo porque se supone que son heridas de combate'. Muri de heridas en combate. 'S mi capit n, s mi capit n', respondi . El propio sargento Ter n cont : Cuando llegu al aula el Che estaba sentado en un banco y le dije: - 'Che vengo a hablar contigo'. Y l respondi , 'no seas hijoeputa que s que vienes a matarme .Yo me sent cohibido y baj la cabeza sin responder. Entonces me pregunt : - Qu han dicho los otros? Le respond que no hab an dicho nada, y l coment :- Eran unos valientes!Yo no me atrev a a disparar. En ese momento vi al Che grande, muy grande, enorme. Sus ojos brillaban intensamente. Sent que se me echaba encima y cuando me mir fijamente, me dio un mareo. Pens que con un movimiento r pido, el Che podr a quitarme el arma. -P ngase sereno me dijo y apunte bien, va usted a matar a un hombre! Entonces di un paso atr s, hacia el umbral de la puerta, cerr los ojos y dispar la primera r faga. El Che, con las piernas destrozadas, cay al suelo, se contorsion y comenz a regar much sima sangre. Yo recobr el nimo y dispar la segunda r faga, que lo alcanz en un brazo, en el hombro y en el coraz n. Ya estaba muerto . Entre una y diez a una y veinte se oy la r faga. Fue con una carabina M-2 autom tica.Anciano ya, puedo apreciar los colores del cielo y de la selva, disfrutar la sonrisa de sus nietos y presenciar partidos de f tbol. Mario Ter n, un hombre educado en la idea de matar no pudo con su gatillo acabar con las ideas de su v ctima. * El relato de Ter n fue extra do del libro Argentinos , tomo 2, de Jorge Lanata.

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